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Alemania conmemora los quince años de la caída del muro de Berlín

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Alemania conmemora los quince años de la caída del muro de Berlín

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Quince años después las flores han sustituido a los picos y las hachas en Berlín. La capital alemana conmemoraba este martes la caída del muro con un acto oficial en la célebre calle Bernauer, convertida de la noche a la mañana en frontera entre dos mundos y símbolo hoy de una Alemania unida. Lo que sí se ha repetido han sido los abrazos, aunque menos efusivos que los de aquel día en que Europa puso principio al fin de una frontera artificial e ideológica de más de tres décadas.

Tras semanas de una creciente presión popular que terminó con la dimisión del líder de la RDA, Erich Honecker, fueron las palabras del portavoz del SED, Günther Schabowski, pronunciadas el 3 de noviembre de aquel 1989, las que cambiaron el rumbo de la historia. En una rueda de prensa Schabowski anunciaba que a partir del día siguiente los ciudadanos de la RDA que lo desearan podrían cruzar al oeste con un visado. Tan sólo unos minutos más tarde miles de alemanes del Este, comenzaban a concertarse en los puestos fronterizos, a los mismos pies del muro. Con la llegada de la media noche eran ya cientos de miles los que atravesaban camino del lado occidental de la ciudad. Pero quince años después los paisajes exuberantes prometidos por el entonces canciller federal germano, Helmut Kohl, no se han hecho realidad. El paro en el Este dobla ampliamente al del Oeste para alcanzar una media del 18%. Los salarios son menores y las condiciones laborales, peores. Miles de alemanes volvían a salir a la calles del Este durante el pasado verano reclamando mejoras sociales. En el fondo, una equiparación real con sus vecinos. Rose Marie Gratz es periodista. Nacida en el Este, resume el sentimiento de los germano-orientales: “han olvidado – nos dice – sus sueños sobre el Oeste. Han cambiado el miedo a la seguridad (a la del Estado y la represión que representaba en aquella época la Stasi), por el miedo a la inseguridad, en este caso, social. Y se han dado cuenta de que en el Oeste ya no les quieren cuando se trata de trabajo, porque son considerados como competencia en el mercado laboral”. Las relaciones las marcan ahora viejas rencillas. Antiguos recelos, viejos insultos entre ciudadanos del Este y el Oeste. Marc Rhode, también periodista, nacido en la antigua República Federal, lo explica: “a muchos ciudadanos de la antigua RFA les molesta la actitud de los del Este, siempre quejándose. Pero también la ola de nostalgia que se vive ahora. Muchos hablan de lo bien que se vivía antes en la RDA, que todo era mejor que en el lado occidental”. En quince años, cerca de un billón y medio de euros y el 4 por ciento del PIB anual alemán se han reinyectado en el Este pero la brecha no se ha cerrado todavía y se calcula que costará dos generaciones conseguirlo.