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El Protocolo de Kioto: un largo y tortuoso camino

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El Protocolo de Kioto: un largo y tortuoso camino

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El recalentamiento mundial está haciendo mucho daño a la Tierra y a pesar de las acciones, protestas y movimientos para concienciar a las grandes potencias económicas, políticas o demográficas, van a ser necesarias medidas más drásticas que la reducción de los gases nocivos en sólo un cinco por ciento, prevista en el Protocolo de Kioto. El recalentamiento provocará en pocas décadas la desaparición de muchos glaciares y una subida de las aguas que borrará de los mapas islas y ciudades.

El Protocolo de Kioto generó una esperanza en 1997 que hasta octubre de este año se quedó en eso, en palabras, en la esperanza de poder implantar un marco legal con el que los países industrializados se comprometan a reducir su emisión de gases de efecto invernadero antes del 2012. La esperanza se hizo realidad con la aprobación del Protocolo en la Duma el pasado 22 de octubre. Rusia se unía a otros 54 países permitiendo así al nuevo grupo de 55 firmantes alcanzar el 55% de las emisiones. La firma de Moscú era necesaria para que el Protocolo de Kioto no se quedará en una simple declaración de buenas intenciones ya que Rusia es responsable del 17% frente al 36% de Estados Unidos, el mayor emisor del planeta, blanco de la mayoría de las protestas. George Bush decidió sacar a Estados Unidos del Protocolo en 2001, aduciendo que es demasiado costoso para la mayor economía del mundo. Washington exige que se obligue a los países en vías de desarrollo a reducir también sus emisiones puesto que en su conjunto son responsables del 40% y de aquí al 2025 superarán las de los países industrializados. Su adhesión sin embargo sería un paso significativo, pero no suficiente según los expertos que hablan de una reducción del 60% y no del 5 ó del 8 al que se ha comprometido la UE para salvar la Tierra. Para ello será necesario que países como China, India o Brasil se comprometan. La incógnita es cómo convencerles. Occidente deberá encontrar soluciones que les permitan reducir sus emisiones sin poner en peligro su crecimiento económico.