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Auschwitz: la memoria de la liberación

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Auschwitz: la memoria de la liberación

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El 27 de enero de 1945, cuando una división del ejército soviético llegó al campo de exterminio nazi se encontró a unas 7.000 personas, entre mujeres y hombres exhaustos que apenas podían mantener sus huesos en pie. 56.000 más habían sido evacuadas, deprisa y corriendo, unos días antes, en un esfuerzo por eliminar las evidencias del genocidio.

Yakov Vinnichenko fue uno de los soldados soviéticos que, hace 60 años, cruzaron las puertas de la barbarie. Vinnichenko, entonces un joven ucraniano, llamado a filas, cuatro años antes por el Ejército Rojo, fue uno de los primeros en entrar en Auschwitz. “Los presos se apoyaban unos en otros para no caerse. Algunos reían y lloraban. Otros intentaban tocarnos mientras nosotros nos manteníamos al margen. Llegamos y seguimos adelante porque no podíamos pararnos, teníamos que seguir avanzando” “Sé que el segundo día organizaron una ducha y cocinas para alimentar a la gente. Estaban tan debilitados que no podían ni andar. Estaban escuálidos” Auschwitz estaba formado por innumerables barracones y diversos campos de concentración, el más conocido Auschwitz II-Birkenau, el lugar donde se encontraban las cámaras de gas. “¿Cómo tienen que torturar a una persona para dejarla tán débil? Eran sólo piel y huesos que, a duras penas, podían tenerse en pie. El ambiente era húmedo, hacía calor y no había ni nieve que llevarse a la boca. Sólo agua sucia. Una escena horrible, imposible de describir” Desde principios de 1942 y hasta el final de la guerra, Auschwitz se convirtió en el mayor campo de exterminio de la historia de la Humanidad. Alrededor de un millón y medio de personas, la mayoría judíos, fueron asesinadas en sus dependencias.