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Los jubilados rusos en pie de guerra

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Los jubilados rusos en pie de guerra

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La presión popular ha obligado al Gobierno ruso a hacer pequeñas concesiones sobre la reforma de ayudas a los jubilados. Tradicionalmente seguidora de Putin, la tercera edad sorprendió hace unos días al salir a las calles protagonizando la primera gran protesta ciudadana contra el Kremlin. Su peso es considerable. En Rusia, los mayores de 65 años representan el 13,7 por ciento de la población. Son más de 33 millones. La pensión media ronda los 60 euros, la mitad del salario medio.

Es una población muy vulnerable integrada, principalmente, por mujeres que sobreviven como pueden con las ayudas públicas heredadas de la era soviética. El Estado financiaba, hasta el momento, parte de sus alquileres, agua, electricidad y la totalidad de sus gastos en transportes y medicamentos. El objetivo de Moscú es ahorrar unos 6.000 de los 21.000 millones de euros que destina a las ayudas sociales. A cambio de terminar con los beneficios, el Estado propone exigüas compensaciones financieras que oscilan entre los 5 y 94 euros por mes. Pero a los jubilados no les salen las cuentas. Antonina Koshurkova, de 58 años, vive con su madre. Su pensión es de 32 euros, 1 euro menos de lo que le paga por el alquiler, el agua y la elecricidad. Antes el Estado sufragaba la mitad. Ahora, ella y su madre reciben, cada una, 26 euros en compensaciones. “26 euros de compensación, qué es esto? Con ellos se supone que tenemos que pagar además los viajes al hospital. Es simplemente increible. Por supuesto que es insuficiente. Sé que tendré que trabajar hasta que me muera. Espero que Dios me de salud para poder juntar algunos ahorros” dice Antonina. El problema no es tan simple. En las grandes ciudades, por ejemplo, el número de viajeros que no paga billete es superior al que sí lo hace. Pero las compensaciones para el transporte son ridículas: 5 euros y medio frente a los 22 euros que cuesta el bono mensual en Moscú. Los jubilados prometen batalla.