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China-Taiwán: una historia de desencuentros

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China-Taiwán: una historia de desencuentros

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El camino hacia la ley antisecesión queda allanado cuando el candidato pro-chino vence las legislativas taiwanesas en diciembre de 2004. Pekín no deja escapar la ocasión. Afirma que la población de la isla no quiere cambios en su constitución.

La retrocesión de Hong-kong en 1997 marca el principio de un sueño para Pekín. Dos años después, Portugal sigue los pasos de Gran Bretaña y Macao vuelve al redil. Pero la “gran China” sigue teniendo una espina clavada: Taiwán, la isla rebelde. Con 23 millones de habitantes, y a menos de 200 kilómetros al este de las costas chinas, Taiwán fue durante medio siglo colonia japonesa hasta su restitución a China en 1945. Su separación política se remonta a 1949 cuando los nacionalistas de Tchang Kai-chek se refugian en la isla tras perder la guerra civil contra los comunistas de Mao Zedong. Taiwán, a la sazón “República de China”, es paradójicamente la única China oficial hasta que en 1972, Pekín logra el reconocimiento internacional. Desde entonces, las relaciones bilaterales han estado marcadas por los desencuentros y las amenazas, aunque las relaciones comerciales nunca han sido interrumpidas. Este año, por ejemplo, se han reanudado los vuelos directos entre Pekín y Taipei. Habla el director del Instituto Americano en Taiwán: “La política es importante, pero no puede acabar con las relaciones comerciales. El poeta británico John Donne dijo en 1633 que ningún hombre es una isla. En este mundo que vivimos ni las islas pueden ser islas” Economía obliga; hoy hoy, la población se resigna a la fórmula un país dos sistemas diseñada por Pekín.