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La masacre de Andiyán, el episodio más sangriento de la independencia uzbeka

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La masacre de Andiyán, el episodio más sangriento de la independencia uzbeka

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La masacre de Andiyán está rodeada de interrogantes; desde el número de muertos, hasta la identidad de los fallecidos, pasando por cómo se desencadenaron los acontecimientos. La actitud del régimen uzbeco refuerza las sospechas de que está ocultando información. La difusión de muchas imágenes de cadáveres, por ejemplo, estuvo prohibida hasta el lunes, tres días después de la revuelta provocada por el proceso contra 23 comerciantes acusados de pertenecer a un movimiento islamista radical.

Ayer, el presidente uzbeko negó categóricamente que las fuerzas gubernamentales hubieran disparado contra civiles. Islam Karímov sostuvo que sus efectivos sólo liquidaron a terroristas de los que 50 son extranjeros. El resto de las víctimas eran soldados o policías. Andiyán ha puesto en dificultades al régimen de Islam Karímov, que desde hace más de 15 años gobierna esta antigua república soviética con mano de hierro. Karímov se hace reelegir ininterrumpidamente desde el 91. A golpe de referendos ha prolongado su mandato hasta 2007. Las voces disidentes son reprimidas con dureza. Blandiendo la amenaza del islamismo radical, Karímov contenta por un lado a Rusia, que prefiere mantener un régimen laico en Asia Central a cualquier precio, y a Estados Unidos, que ha encontrado en Uzbekistán un fiel aliado de su guerra contra el terrorismo. Los vínculos entre Tashkent y Washington se reforzaron tras el 11 de septiembre y la ofensiva estadounidense contra los talibán y Al Qaeda en Afganistán. Lo cierto es que su posición estratégica, en pleno corazón de Asia central, hace de Uzbekistán un objetivo declarado del islamismo radical. Es el caso del transnacional Hizb ut-Tahrir al Islami, que persigue un califato global basado en la Charia. Según los militantes de este movimiento, Asia Central con todas sus riquezas, está madura para una revolución islámica, gracias a la corrupción de sus regímenes infieles y a la presencia estadounidense en su suelo. Al mismo tiempo, aseguran que no recurren a la fuerza para alcanzar sus objetivos. La población ha tomado la palabra en esta crisis, hastiada de 15 años de gobierno Karímov y de la falta de progreso hacia las reformas democráticas y hacia la prosperidad.