Última hora

Última hora

La difícil resurrección de Gerhard Schroeder

Leyendo ahora:

La difícil resurrección de Gerhard Schroeder

Tamaño de texto Aa Aa

Con una sonrisa, pero sin hacer comentarios, el canciller Gerhard Schroeder desembarcaba a finales de mayo en la reunión semanal del partido socialdemócrata. Un día antes había anunciado su intención de adelantar las elecciones al Bundestag.

Detrás de su decisión, la caída de Renania del Norte-Westfalia, feudo socialdemócrata desde los años 60, en manos de los conservadores. “Para que la política de reformas de resultado es necesario el apoyo de los ciudadanos. Tras los amargos resultados de mi formación en Renania del norte-Westfalia, el apoyo político a las reformas ha sido puesto en tela de juicio.” La debacle electoral en las regionales se achaca al efecto de la Agenda 2010, el programa de reformas considerado piedra angular del Ejecutivo de coalición roji-verde. Aprobado en diciembre de 2003 por una aplastante mayoría en las dos cámaras del Parlamento alemán, la Agenda combina reducciones fiscales y recortes de las prestaciones sociales para aumentar la competitividad de la locomotora alemana. Las medidas provocan protestas sociales que aumentan sin cesar a lo largo de 2004. El descontento se nutre de aquellos cuyo nivel de vida reposa en la generosidad del Estado de bienestar, resultado del milagro económico de los años 60 y 70. Una generosidad que ya no se mantiene en pie. Asfixiado por el paro, el Estado alemán se ahoga en una deuda que aumenta 1837 euros por segundo según la revista alemana Der Spiegel. Sin embargo los problemas ya habían comenzado en 2002, cuando Schroeder logró convencer a los alemanes de apoyarle en las legislativas de septiembre. Con los sondeos en contra, el Canciller basó su campaña en la lucha contra el paro, en la oposición de su Ejecutivo a la guerra de Irak y en su gestión de las inundaciones en el este del país. Esta vez sin embargo, parece poco probable que Schroeder, el luchador vuelva a invertir las tendencias. Los alemanes parecen inmunes a su carisma, y por primera vez, su popularidad está por debajo de la de su rival conservadora.