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Arabia Saudí: el difícil legado del rey Fahd

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Arabia Saudí: el difícil legado del rey Fahd

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Abdallah hereda oficialmente un país que dirige de facto desde hace una década. Una razón de peso para esperar una línea de continuidad tanto en los asuntos internos como en la política exterior.

Más conservador y panarabista que el rey Fahd, sus desavenencias con Washington no son un secreto. Se ha opuesto abiertamente a Estados Unidos en varios frentes, aunque en un difícil ejercicio de equilibrismo ha conseguido mantener relaciones cordiales con el inevitable aliado, al que considera actualmente el mejor garante de la estabilidad de su poder. Aunque no se le puede considerar un reformista, ha propiciado algunos cambios en la política económica, sobre todo a raíz de los atentados del 11 de septiembre, pero uno de sus principales objetivos es reforzar la legitimidad de la dinastía saudí apoyándose en el conjunto de la nación. O lo que es lo mismo: reconciliar los intereses de wahabitas, suníes, chiíes, y sufíes en un país co fundado por el padre del wahabismo. El Islam riguroso y ultrapuritano se aplica al pie de la letra en Arabia Saudí, cuna de los dos principales lugares santos del Islam: la Meca y Medina. El rigor de la doctrina se vuelve contra el régimen a finales de los años 80. Apoyados por Arabia Saudí y Washington, jóvenes yihadistas parten a combatir al ejército rojo en Afganistán. Vuelven triunfantes con un objetivo en mente: expandir la Yihad. Pero el estallido de la primera guerra del Golfo da un vuelco a la situación. El rey Fahd toma la histórica decisión de autorizar la creación de bases estadounidenses en Arabia saudí. La alianza militar con Washington provoca la cólera de la joven generación de fundamentalistas entre los que se encuentra Osama Bin Laden. El origen saudí de Bin Laden y de 15 de los 19 responsables de los atentados del 11 de septiembre pone a prueba las relaciones entre Estados Unidos y el reino saudí, también bajo amenaza terrorista. En mayo de 2003, Al Qaeda se atribuye la autoría de los dos sangrientos ataques de Riad y declara la guerra a “los dirigentes corruptos e infieles que han alejado al reino de los preceptos del Islam”. Bajo presión estadounidense, Abdallah comienza una lucha sin cuartel contra la organización de Bin Laden. Su legitimidad religiosa le permite declarar la guerra a los fundamentalistas sin pasar por un traidor. Erradicar el terrorismo y paralelamente, dar paso a una apertura política dosificando el proceso de reformas; bajo el ojo siempre atento de los ultraconservadores del régimen, Riad ha dado sus primeros pasos en este sentido en febrero de este año con la celebración de las primeras elecciones municipales en la historia del país.