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Ahmadinejad: un lobo con piel de cordero

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Ahmadinejad: un lobo con piel de cordero

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Desde que llegó a la presidencia Ahmadinejad el ultraconservador se ha reinventado a sí mismo; no se cansa de repetir que no tolerará ningún extremismo y que su gobierno trabajará bajo el signo de la moderación. Joven, bajito, vestido siempre con su sempiterna chaqueta clara, Ahmadinejad tiene el aspecto de un hombre corriente, un factor que se reveló determinante en su sorprendente victoria en las elecciones.

Elegido alcalde de Teherán en 2003, iniciativas como la separación de los ascensores del ayuntamiento para hombres y mujeres, pero también la de recortar su propio sueldo o disfrazarse de barrendero en una recepción con los profesionales de ese sector, dan medida de su talante. Fundamentalismo y populismo forman parte de sus señas de identidad. Los reformistas se inquietan de los cambios que se avecinan. Una tensión que se deja sentir en el país. Ayer fue asesinado en plena calle el juez que investigaba algunos de los casos políticos más polémicos de Irán y que condenó a opositores como la nobel de la paz Shirin Ebadi. La misma crispación, o más, se detecta en política exterior con la crisis nuclear y la amenaza de que el país sea condenado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Sobre este punto, Ahmadinejad podría seguir la línea trazada por su predecesor. Es sobre todo una cuestión de orgullo nacional según este analista. “Ha dejado claro que no adoptará una posición hostil a las relaciones internacionales, pero también ha dicho que quiere que la política exterior iraní sea más activa que pasiva” O lo que es lo mismo: Irán no dejará que otros países dicten su conducta…y mucho menos Estados Unidos. Las relaciones diplomáticas entre los dos países permanecen en suspenso desde los 80. Las perspectivas de un acercamiento se han esfumado con el programa nuclear iraní, pero sobre todo tras la aparición de una foto que muestra un individuo sospechosamente parecido al actual presidente iraní participando en la toma de rehenes de la embajada estadounidense de Teherán en el 79. Washington asegura que está examinando la fotografía antes de tomar decisiones. Teherán sostiene que esas acusaciones son tan falsas como las que aseguran que el nuevo presidente pretende reexaminar la liberalización de la era Jatamí.