Última hora

Última hora

El Japón de los Hibakusha 60 años después

Leyendo ahora:

El Japón de los Hibakusha 60 años después

Tamaño de texto Aa Aa

Seis de agosto de 1945. La guerra ha acabado en todo el mundo menos aquí. Japón se niega a capitular frente a Estados Unidos. A las ocho y cuarto de la mañana, el bombardero Enola Gay lanza la bomba atómica sobre Hiroshima, a la sazón ciudad de guarnición y puerto militar. La primera bomba atómica de la historia explota a 600 metros de altitud y arrasa instantáneamente el centro de la ciudad. Ese día Hitoshi, de 15 años, está en clase.

“Vi gente casi desnuda, con los cuerpos negros por la ceniza. Sus pieles parecían trozos de tela colgando. Muchos de los heridos tenían los brazos replegados sobre sus torsos, y permanecían en esa postura, inmóviles. La primera vez que vi esas siluetas, me da un poco vergüenza reconocerlo, no quería ni mirar, porque me parecía un espectáculo grotesco. No parecían humanos” 70 000 personas fallecen en el acto. Otras tantas mueren entre sufrimientos atroces a lo largo de los meses que siguen al ataque. Sunao es otro Hibakusha, otro superviviente con secuelas de las radiaciones. La bomba le sorprendió cuando atravesaba el puente para ir al colegio. De aquel día no ha olvidado ni un segundo. “Todo el mundo se tiraba al río, incluídos niños y adultos. Hasta los que no sabían nadar se arrojaban al agua porque pensaban que así aliviarían sus quemaduras…eran heridas horribles. Los ríos se llenaron de cadáveres” Sunao recibió radiaciones potentísimas. Sólo un milagro explica que siga vivo. “Me senté aquí y escribí con un trozo de piedra: aquí murió Sunao Tsuboi, justo aquí. No podía escribir bien porque tenía la piel de los brazos echa jirones y no tenía fuerza. estaba en el límite entre la vida y la muerte…yo estaba convencido de que todo había terminado, pero tenía 20 años, y creo que logré sobreponerme de la tristeza que me dio pensar que sólo iba a vivir dos décadas” El fantasma de Hiroshima y de Nagasaki, tan sólo 3 días después, ha marcado la memoria de varias generaciones de japoneses y sus relaciones con la historia, la guerra, la energía nuclear y con Estados Unidos. Según los especialistas, las secuelas de las radiaciones tardarán aun otros veinte años en desaparecer.