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Carrera contra reloj en el rescate del batiscafo ruso

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Carrera contra reloj en el rescate del batiscafo ruso

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La operación de rescate del batiscafo ruso varado en el Océano Pacífico se ha complicado porque, contrariamente a lo que se pensaba, la hélice del sumergible de rescate en el que se encuentran siete miembros de tripulación, no se ha enredado con un cable de una red pesquera sino con el cable de una antena de vigilancia costera, situada a unos 100 kilómetros de la península de Kamchatka. El gran problema es que bajo ese cable hay un ancla de 60 toneladas que, como explicaba el comandante de la flota del Pacífico ruso, Viktor Fuidorov, están intentando arrastrar con varios buques para remolcar todo el sistema y poder más tarde izar el submarino hasta la superficie. Eso sí, antes van a tener que hacer explotar el ancla y verificar que no haya daños estructurales que pongan en peligro a la tripulación.

En la última comunicación con el batiscafo, se ha sabido que las reservas de oxígeno son superiores a lo pensado, unas 18 horas. Así lo afirman las autoridades rusas, presionadas por su opinión pública por lo ocurrido hace cinco años en el mar de Barents con la pérdida del submarino nuclear Kursk y su tripulación de 118 hombres. Para ayudarles, Estados Unidos ha mandado un pequeño submarino autodirigido capaz de partir cables, al que se unirá otro sumergible británico del mismo tipo y cuatro buques japoneses.