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La corrupción y las luchas internas hunden el gobierno de Yushenko

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La corrupción y las luchas internas hunden el gobierno de Yushenko

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La dimisión de Alekasnder Zinchenko el pasado sábado fue tan sólo el principio del terremoto político que ha sacudido al gobierno ucraniano. Zinchenko, jefe de la campaña electoral de Yushenko, explicó a principios de esta semana las razones de su renuncia. “Ahora la corrupción y los sobornos han aumentado. En muchos casos superan la época precedente y están presentes tanto en las estructuras centrales como regionales.

Este fenómeno es ahora sistemático”, dijo. Presente en la sala, todas las miradas se dirigieron entonces a Piotr Poroshenko, una de las figuras clave del equipo gubernamental de Yushenko. Poroshenko fue acusado de abuso de poder y de haberse enriquecido personalmente. Estas acusaciones fueron un duro golpe para un gobierno que hace apenas unos meses hizo caer al antiguo presidente, Leonid Kouchma, prometiendo que la transparencia sería a partir de entonces la nueva ley del ejecutivo. Pero tras las banderas de la “Revolución Naranja” se escondía un equipo con diferencias prácticamente insuperables.

El escándalo que ha salpicado al gobierno ucraniano, ha dejado al descubierto los enfrentamientos protagonizados entre Yulia Timochenko y Porochenko. Una lucha con base en las reprivatizaciones de empresas que Timochenko quería llevar a cabo y que, según Porochenko, alimentarían la gran ambición de la dama de hierro ucraniana. Ambición que ella nunca escondió. Para algunos analistas, su salida del gobierno le permitirá participar en solitario en la carrera de las próximas elecciones de 2006. Hace tres meses esto era lo que Timochenko decía a Euronews sobre su supuesta rivalidad con Yushenko: “Como en todas las familias hay diferencias. Tenemos que empezar a acostúmbranos al estilo del otro.

El presidente tiene que entender el estilo de su primera ministra y viceversa”. Con su legitimidad amenazada, Yushenko no ha dudado en cambiar a todo un gobierno para mantenerse pero falta saber si logrará guardar el equilibrio en plena caída de popularidad. Mientras Rusia se frota las manos e ironiza sobre la gravedad de esta crisis ucraniana, Europa y Estados Unidos se inquietan y esperan el desenlace de esta crisis con la mirada puesta en Kiev, ciudad de la “Revolución Naranja” por la que ambos apostaron.