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Análisis: la inmigración clandestina azota Ceuta y Melilla

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Análisis: la inmigración clandestina azota Ceuta y Melilla

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Apenas 10 kilómetros separan por mar el norte de Marruecos de las costas de Tarifa, en el sur de España. Se trata de una travesía extremadamente peligrosa, pero los cantos de sirena del sueño europeo son más fuertes que el miedo. Muchos inmigrantes consiguen cruzar a bordo de frágiles pateras, pero cientos mueren todos los años intentándolo.

La cooperación policial entre Madrid y Rabat ha reducido considerablemente el tráfico de pateras hacia Andalucia y hacia las islas Canarias en el último año y medio.Sin embargo, la presión migratoria se ha multiplicado sobre las ciudades españolas norteafricanas de Ceuta y Melilla, cuya soberanía reclama Rabat. En Melilla, la frontera está protegida por una valla de 3 metros de altura y 10 kilómetros de longitud. Desde hace años, no pasa prácticamente una noche sin que inmigrantes, solos o en grupo, intenten pasar al otro lado de la valla. La abrumadora mayoría procede de países subsaharianos. Según la Guardia civil, en 2004 se produjeron 55.000 tentativas de asalto. Este año van ya 12.000. Son menos en proporción, pero están mucho mejor organizadas. El martes pasado 400 inmigrantes intentaron cruzar de forma simultánea la frontera de Melilla: cerca de 200 lo consiguieron. Cuarenta tuvieron que ser atendidos por heridas leves, así como 5 guardias civiles. “Para quienes han cruzado medio continente con las bayonetas del hambre y la miseria a sus espaldas argumentan las ONGs, ya no hay vuelta atrás”. “Sobre todo añaden tras el recrudecimiento del acoso la policía marroquí”. El drama se traduce a un lado de la frontera en la saturación del centro temporal de acogida de inmigrantes, que triplica su capacidad nominal. Al otro lado, cunde la desesperación. Por el momento, la única solución visible es la elevación de la altura de la valla fronteriza de 3 a 6 metros, un trabajo que, irónicamente, realizan inmigrantes regularizados.