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La desesperación de quien no tiene nada y lucha con sus congéneres por una

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La desesperación de quien no tiene nada y lucha con sus congéneres por una

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manta. Así están las cosas en la parte de Cachemira administrada por Pakistán. El terremoto que asoló la zona el pasado sábado dejó al menos treinta y tres mil muertos, según cifras oficiales, y millones de supervivientes a la intemperie en plena región himaláyica, sin nada más que el olor de los muertos bajo los cascotes y la determinación de seguir con vida.

Si la ayuda llega a cuenta gotas a la capital de la provincia, Muzaffarabad, destruida en un ochenta por ciento, es fácil imaginarse la situación en los pequeños poblados de la montaña. Quien puede moverse, baja por las laderas escarpadas en busca de alguien o algo que les preste asistencia. Una tragedia humanitaria mayúscula, para quienes llevan días caminando, sin comida, bebiendo agua contaminada por la acumulación de cadáveres que se amontonan en cualquier sitio.

Si de los vivos es difícil ocuparse, imposible hacerlo para retirar los cuerpos de los muertos. De vez en cuando, suerte y casualidad se aúnan para hacer que una ambulancia esté ahí, donde hay un herido. A dónde se lo llevan es otra cuestión.