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El "CIAgate" amenaza el centro neurálgico de la administración Bush

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El "CIAgate" amenaza el centro neurálgico de la administración Bush

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El “CIAgate” amenaza con neutralizar al “cerebro” de la administración Bush. Karl Rove, principal asesor del presidente desde su entrada en política en 1994, y arquitecto de su reelección, podría ser acusado formalmente de la filtración de la identidad de una agente de la CIA.

Tanto Rove como Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney están en el punto de mira del fiscal especial Patrick Fiztgerald. En las próximas horas Fitzgerald podría acusarles de falso testimonio, obstrucción a la justicia y filtración de información secreta. La historia comienza en agosto de 2002, con la creación del denominado Grupo de Irak de la Casa Blanca, para vender la guerra de Irak a la opinión pública. A principios de 2003, en su discurso sobre el estado de la Unión, George Bush acusa formalmente al régimen de Sadam. “El gobierno británico ha sabido que Sadam Husein ha intentado procurarse en África cantidades significativas de uranio”. Pocas semanas después, el ex embajador Joseph Wilson encargado de investigar esas alegaciones en Níger, criticaba al gobierno en el New York Times y le acusaba de manipular información para justificar la invasión de Irak. La identidad de una espía de la CIA aparecía en la prensa pocos días después; se trataba de Valerie Plame, la mujer de Wilson. El diplomático denunció una “vendetta” gubernamental orquestada por Rove y libby. Durante los dos años que ha durado la investigación judicial, la prensa ha acumulado revelaciones y especulaciones sobre los presuntos culpables del soplo. Karl Rove, el más fino estratega de la administración Bush, es el que sale peor parado. El presidente se ha visto obligado a aclarar que su gabinete no tiene nada que ocultar. “He pedido a todo mi equipo que coopere plenamente en esta investigación, Tampoco voy a prejuzgar esta investigación basada en alegaciones de la prensa”. Pero el “Rovegate”, la tempestad juridico-mediática desencadenada por el consejero personal de Bush, socava un poco más la popularidad del presidente que sigue cayendo.