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Polonia: la gran coalición que no pudo ser

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Polonia: la gran coalición que no pudo ser

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Dieciséis años después de la caída del comunismo y uno después de su entrada en la Unión Europea, las legislativas del 25 de septiembre marcan para muchos el comienzo de una nueva era en Polonia. El triunfador de los comicios, Jaroslaw Kaczynski, al frente de Ley y Justicia, tiende la mano a los liberales de la Plataforma Cívica para formar una gran coalición.

Pese a sus divergencias, las dos formaciones de centro derecha están de acuerdo sobre las prioridades: la lucha contra la corrupción y contra el 18% de paro, una cifra record en la UE. Juntos suman una mayoría de 288 escaños en el Parlamento. En ese nuevo escenario político, el centro-izquierda es desplazado como tercera fuerza del país por el antieuropeísta Samobroona, Autodefensa. Y ese cambio marca toda la campaña de las presidenciales de octubre, en la que quienes se presentan como futuros socios son de nuevo rivales. Lech Kaczynski, candidato de Ley y Justicia, se acerca al electorado populista con discursos nacionalistas y ataques a la Unión Europea. Al mismo tiempo, se erige en defensor del estado de bienestar contra el liberalismo salvaje preconizado por el candidato liberal. El programa de Donald Tusk defiende medidas impopulares como la reforma de la seguridad social de los agricultores o la privatización de los estudios. Una plataforma ideal para el discurso de las dos Polonias de Lech Kaczynski; la solidaria y la liberal, la del este, nostálgica de los derechos sociales de la época soviética, y la Polonia pro occidental y liberal. Un día después de su triunfo en las urnas, Kaczynski sigue hablando de reconciliación: “Un problema que no se puede subestimar es el de la reconciliación; no la de Donald Tusk y Lech Kaczynski…significa eliminar las barreras que fueron creadas durante los últimos dieciséis años de la historia polaca” Pero el tiempo de la reconciliación parece haber expirado. Tras cuatro días de negociaciones, el actual primer ministro no ha conseguido superar las divisiones entre los dos partidos. Minoritario y fragilizado, la suerte del gobierno está en manos del Parlamento y del presidente.