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Ucrania: la revolución que se tornó "naranja desteñido"

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Ucrania: la revolución que se tornó "naranja desteñido"

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El naranja que tiñe Ucrania ha perdido gran parte de su brillo. Un año después de la revolución pacífica que acabó con el régimen post soviético de Leonid kuchma, la oposición democrática de entonces se ha dividido sobre los mismos temas que la unieron en 2004: la lucha contra la corrupción y la mejora del nivel de vida.

La destitución de la primera ministra Yulia Timoshenko hace dos meses interrumpió un vasto programa de reformas económicas. La rivalidad entre los héroes del Maidán debilita las esperanzas de recuperación y de cambio en la Plaza de la Independencia. “Solo me gustaría decirles a ambos asegura esta vendedora ambulante que si pensasen un poco más en Ucrania y un poco menos en ellos mismos no habrían fracasado. Deberían haber pensado en el bien del país. La Alianza era demasiado buena para ser verdad” Aclamado como un héroe en Washington, Víktor Yuschenko no ha conseguido aplicar las reformas prometidas. El entusiasmo internacional que suscitó su revolución choca con cifras que señalan el aumento de la inflacción y el descenso de las inversiones extranjeras. Tampoco a nivel regional se han cumplido las expectativas. Yuschenko creó con Con Mijail Saakashvili, paladín de otra revolución pacífica en Georgia, una alianza encaminada a promover la democracia y la seguridad del Báltico al Caspio que ha quedado en letra muerta. Hasta la conquista de la libertad de expresión, principal logro de la revuelta, podría resultar insuficiente para garantizar el triunfo del gobierno de Yuschenko en las cruciales legislativas del próximo marzo. “Tenemos que ganar, asegura el presidente una victoria en el Parlamento será una segunda victoria para la democracia. Todavía estamos a tiempo de aprender la lección y llegar a un entendimiento” En la Plaza de la Revolución, el amargo sabor del desengaño flota en el ambiente, pero el Gobierno pide unidad para evitar la victoria del candidato pro-ruso. Un año después, la canción “juntos somos invencibles”, himno de la revolución naranja, suena como una advertencia.