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Alarma en Rusia tras la explosión de la petroquímica china de Jilin

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Alarma en Rusia tras la explosión de la petroquímica china de Jilin

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El veneno se acerca lenta pero inexorablemente al Amur, un río que hace de frontera natural entre Rusia y China. Por el Sungarí, uno de sus afluentes chinos, fluye una lengua de decenas de kilómetros de desechos altamente tóxicos y que se formó tras la explosión de una planta petroquímica en la ciudad de Jilin el pasado día 13. La contaminación ha obligado a suspender el suministro de agua potable en Harbin y otras ciudades ribereñas. La lengua tóxica llegará al puerto ruso de Jabárovsk el sábado y las autoridades exigen más información sobre las sustancias tóxicas que trae el río.

“Hacemos muchas pruebas comentaba una responsable de protección civil, pero nuestra actuación depende de qué sustancias químicas han contaminado el agua”. El Amur es el único río navegable de Siberia que desemboca en el Pacífico y de él depende gran parte de la economía regional además de un ecosistema rico en pescado y moluscos. Pero la preocupación inmediata de la jefa del Centro ruso de Observación de la Polución Ecológica es el agua: “necesitamos almacenar agua potable, mucha agua potable”, admite Elena Ivanova. En China todas las localidades que “bebían” del Sungarí, han suspendido el suministro de agua por temor a intoxicaciones masivas entre la población. Los supermercados de Harbin han agotado las existencias de agua embotellada y los camiones cisterna resultan insuficientes para abastecer a sus nueve millones de habitantes.