Última hora

Última hora

Al Fatah, un movimiento desgarrado por sus facciones

Leyendo ahora:

Al Fatah, un movimiento desgarrado por sus facciones

Tamaño de texto Aa Aa

La unidad del movimiento Al Fatah es sólo aparente. Oculta toda una serie de divisiones abiertas a lo largo de los años. Todo ello mientras las brigadas de los mártires de Al Aqsa aún no han dicho su última palabra, pues siguen reclamando una representación en las listas de las próximas elecciones.

El movimiento Al Fatah fue creado en 1959 por Yasser Arafat en Kuwait. Su objetivo era común a todos los palestinos: combatir a Israel y liberar a los territorios ocupados del estado “sionista”. Durante muchos años, Al Fatah va a aglutinar a las diferentes facciones del movimiento en torno a ese único objetivo. Más tarde, tras años de enfrentamientos, llega la paz con los Acuerdos de Oslo. Los dirigentes históricos de Al Fatah y de la OLP regresan a Gaza, con Arafat a la cabeza. Le acompañan sus compañeros del exilio: la vieja guardia.

Gracias a su carisma y estatus de líder, Arafat logra camuflar las divisiones que desgarran a su partido: entre los veteranos caciques y la nueva generación, que tras la primera intifada reclama su cuota de poder. A la muerte de Arafat se destapan las disensiones. A pesar de los esfuerzos conciliadores de Mahmud Abbas, Al Fatah se escinde poco antes de los comicios, la joven guardia ya no podía esperar más a obtener el ansiado relevo. Ahmed Qorei anuncia así su retirada: “Envié un carta aclarando mi intención de no presentarme a las elecciones. Resulta también extraño decir que rechazo los planteamientos del movimiento. Esta constatación me resulta vergonzosa e inaceptable”. Se impone al final un compromiso, abriendo paso a los jóvenes con una lista encabezada por un improbable primer ministro: Maruáne Barghouti, jefe de esa nueva generación, condenado a cadena perpetua en una prisión israelí. Pero Barghouti es la única oportunidad para Fatah, según los últimos sondeos, de ganar las elecciones frente a su rival Hamas, que podría convertirse en el gran vencedor de las divisiones del que fuera el gran partido de Arafat.