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Kosovo; seis años en el limbo

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Kosovo; seis años en el limbo

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Junio de 1999. Las fuerzas serbias se retiran de Kosovo tras varias semanas de bombardeos de la OTAN. El presidente Serbio, Slobodan Milosevic, había perdido su pulso contra estadounidenses y europeos. Tres meses antes y con la bendición del Consejo de Seguridad de la ONU, los aliados deciden recurrir a la fuerza tras la doble negativa de Belgrado acesar la violencia contra los albanokosovares y a sumarse al plan de paz de Rambouillet, rubricado por la mayoría albanesa de la provincia.

La llegada de la KFOR no frena el éxodo de una gran parte de la población serbia. Seis años después, muchos refugiados no han vuelto. El mismo inmovilismo reina sobre el estatuto de este territorio convertido en protectorado internacional donde viven un millón 800 mil personas Hasta que en marzo de 2004 estallan violentos enfrentamientos en Mitrovica. Los choques intercomunitarios en la ciudad, símbolo de la división entre albaneses y serbios provocan la muerte de 19 personas. Una violencia sin precedentes que obliga a la comunidad internacional a abrirlos ojos: había llegado el momento de volcarse en el futuro de Kosovo para no poner en peligro el trabajo realizado hasta ese momento. En efecto, desde la retirada de las fuerzas serbias, Kosovo goza de una total autonomía de Belgrado, dispone de un Parlamento, de un gobierno y de una presidencia, pero jurídicamente, sigue siendo una provincia serbia tutelada por la ONU. En noviembre de 2005, comienzan las conversaciones sobre el futuro estatuto de Kosovo presididas por el finlandés Marti Ahtisaari. El Grupo de Contacto fija los límites que no se deben sobrepasar en las negociaciones en forma de triple No: No a la partición de Kosovo, No a la unión de Kosovo con un Estado vecino y No a la vuelta a la situación anterior a 1999. Y si el debate sobre la forma de independencia que adoptará Kosovo sigue abierto, el Grupo de Contacto es unánime sobre otros tres asuntos; los derechos de las minorías deben ser garantizados, las tropas de mantenimiento de paz, unos 23.000 soldados, deberán quedarse en la provincia, y la puesta en marcha de una misión civil, probablemente bajo tutela de la UE.