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Habla uno de los dos "cobayas humanos" que se salvaron del ensayo clínico

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Habla uno de los dos "cobayas humanos" que se salvaron del ensayo clínico

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Raste Khan dice que ha jugado a la ruleta rusa y ha ganado. Este joven de 23 años siente una cierta culpabilidad por ser uno de los dos cobayas humanos que tomaron placebo. Los otros seis, los que tomaron el medicamento real, continúan en estado crítico en el hospital londinense de Northwick.

El relato de lo que vió y vivió es terrorífico: “el que estaba a mi lado empezó a gritar que le dolía la cabeza y tenía calor, también decía que no podía respirar a pesar de que llevaba una máscara de oxígeno. Y era como si alguien le estuviera golpeando en la espalda, porque estaba gritando al doctor que le dolía, era como si alguien le estuviera pinchando, estaba retorcido de dolor. Fue horrible”. Las empresas farmacéuticas realizan este tipo de ensayos clínicos de forma rutinaria, aunque deben seguir estrictos protocolos de seguridad. Los “conejillos de indias” voluntarios suelen recibir una compensación económica-3000 euros en este caso- y renuncian a reclamar cualquier responsabilidad a las empresas por daños y perjuicios. Ann Alexander, una de las abogadas de los afectados, explicaba a los medios que la renuncia no debería eximir a la farmacéutica de hacerse responsable de lo sucedido, aunque legalmente es complicado porque los contratos para este tipo de pruebas son muy explícitos en el descargo de responsabilidades. Dos de las víctimas continúan en estado crítico y las otras cuatro en estado grave pero estable, con daños en órganos vitales y graves inflamaciones. Los médicos se enfrentan a la complicada tarea de encontrar un remedio sin saber cuál es la enfermedad, ya que no se sabe qué ha fallado en el test.