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El futuro gobierno italiano enfrenta una misión difícil

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El futuro gobierno italiano enfrenta una misión difícil

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Sin gran margen de maniobra tendrá que enderezar la economía del país y cumplir las promesas electorales de la coalición de centroizquierda La Unión, entre ellas, la retirada de las tropas de Irak.

Ayer, Romano Prodi reiteraba su optimismo y su compromiso con los electores. “Haremos lo que prometimos en nuestra plataforma. Pero hay que tener en cuenta que pasarán entre un mes y dos antes de que el gobierno pueda empezar a operar” declaraba. Efectivamente, a los ganadores de las elecciones les espera un largo proceso antes de tomar posesión del gobierno. Para empezar hay que constituir el nuevo Parlamento, y a partir del 13 de mayo, los parlamentarios tendrán que designar al nuevo presidente de la República. Elegido en mayo del 99, Carlo Azeglio Ciampi de 85 años había insinuado su deseo de jubilarse. Al presidente de la República le corresponde nombrar al nuevo presidente del Consejo. Una de las primeras tareas que enfrentará el nuevo gobierno será convocar el referéndum sobre la reforma constitucional que prevé reforzar el federalismo y el poder del primer ministro. Las reformas estructurales de la economía italiana tampoco pueden esperar. En 2005 el crecimiento económico fue nulo; la deuda pública alcanzó el 106,4 por ciento del Producto Interior Bruto y continúa aumentando. El déficit público, un 4,1 del PIB, sigue incumpliendo el pacto de estabilidad de la zona euro. El paro entre los jóvenes, que afecta al 24 por ciento de los italianos de entre 15 y 29 años, preocupa de manera especial en las calles de Italia. “Es difícil encontrar trabajo cuando eres jóven porque nadie confía en ti. Hay demasiados adultos trabajando que no dejan espacio a los jóvenes” asegura una italiana. Para relanzar el crecimiento y aumentar el poder de compra de los trabajadores entre 500 y 600 euros por año, la Unión apuesta por la siguiente fórmula; reducir en cinco puntos las cargas sociales evaluadas en entre ocho y diez millones de euros al año. Sin poder recurrir ya a la devaluación de la lira, la industria italiana está perdiendo competitividad frente a aquellos países que ofrecen una mano de obra más barata.