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Un nuevo escándalo pone al ministro británico del Interior contra las cuerdas

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Un nuevo escándalo pone al ministro británico del Interior contra las cuerdas

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Tiemblan los cimientos del gobierno británico tras un enésimo escándalo. En el Parlamento la oposición conservadora ha reclamado la cabeza del ministro del Interior, Charles Clarke, tras saberse que en los últimos siete años más de mil delincuentes extranjeros, algunos muy peligrosos, han quedado en libertad sin que nadie se ocupara de gestionar su expulsión del país ni de seguirles la pista. Estas eran las palabras del responsable de Interior de la oposición conservadora: “¡Cuántos asesinos extranjeros, cuántos pedófilos, cuántos violadores, cuántos traficantes de drogas están libres como resultado de su fracaso político!”, ha espetado al ministro David Davies.

Desarmado ante las críticas, y después de haber visto rechazada su dimisión por Tony Blair, Charles Clarke ni siquiera ha intentado defenderse: “Fue un error, lo reconozco. Y como parte de él, he pedido perdón, pido perdón y continuaré haciéndolo. Este tipo de situaciones no pueden darse”, dijo el ministro del Interior.

Este enorme escándalo ahonda la crisis de los laboristas que no eran tan impopulares desde hace casi dos décadas, a una semana de unas elecciones locales que serán un test de supervivencia para el gobierno Blair.