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Inmigración escogida vs inmigración sufrida

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Inmigración escogida vs inmigración sufrida

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La aprobación de la fórmula recogida en el proyecto de ley del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, acabaría con la política de acogida vigente en Francia desde hace treinta años.

Siguiendo el ejemplo de países como Holanda o el Reino Unido, el proyecto de ley pretende ajustar la entrada de inmigrantes a las necesidades económicas del país.

Actualmente hay un millón y medio de trabajadores extranjeros en Francia, la mayoría portugueses, argelinos y marroquíes. Representan el 5,5 por ciento de la población activa y sufren un índice de desempleo superior al de sus colegas franceses.

En 2004, más de 140.000 nuevos inmigrantes llegaron al país. Según cifras oficiales, sólo el 5 por ciento lo hizo por razones profesionales, la mayoría se amparó en leyes de reunificación familiar.

Y son esos inmigrantes no escogidos los que están en el punto de mira del proyecto de ley del ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, que endurece las condiciones para entrar en el país, ya recortadas en su primera ley sobre inmigración aprobada hace tres años.

Uno de los pilares de la futura norma es que los
extranjeros que quieran traer a sus familias tendrán que esperar 18 meses, y no 12 como hasta ahora, disponer de alojamiento y percibir el salario mínimo.

El texto contempla la concesión de permisos de residencia temporales de tres años a los trabajadores cualificados, y de 4 a los estudiantes, pero elimina la entrega automática del permiso de residencia a los inmigrantes que viven desde hace 10 años en Francia.

La fórmula impulsada por Sarkozy abre su mercado de trabajo en los sectores que tengan penuria de mano de obra y exige un conocimiento de la lengua y sociedad francesas como queda contemplado en el contrato de “acogida e integración”

Los detractores del proyecto denuncian una inmigración de usar y tirar que pone en peligro los derechos fundamentales.

Para los 600.000 sin papeles que viven en Francia, la aprobación del texto podría ser sinónimo de expulsión.

A menos de un año de las presidenciales, Nicolas Sarkozy, tiene también como objetivo
privar a la ultraderecha de uno de sus principales caballos de batalla: el control de la inmigración.