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Un aristócrata entre rejas

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Un aristócrata entre rejas

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El príncipe destronado, el “pobre hombre”, como le apodan los periódicos italianos, ha acabado por caer en manos de la justicia. La detención del único hijo del último rey de Italia Umberto II, no ha sorprendido a los italianos, acostumbrados a ver su nombre en las páginas de sucesos. De hecho, muchos de sus compatriotas vieron con malos ojos su vuelta a Italia en 2002.

La mediación de Silvio Berlusconi fue necesaria para que Victor Manuel, acompañado por su mujer y su hijo, pusiera fin a 56 años de exilio impuesto a la familia real por su apoyo al dictador fascista Benito Mussolini.

Una parte de los Saboya se establecieron en Suiza. Allí se sitúa el enclave italiano Campione y su casino, centro neurálgico del último escándalo que salpica a Victor Manuel.

Concretamente, está acusado de reclutar prostitutas para enviar a clientes del célebre casino y de corrupción en relación con el tráfico de videojuegos y máquinas tragaperras.

Junto al aristócrata están involucrados otros nombres conocidos de la política italiana como Salvatore Sottile. El portavoz de Gianfranco Fini, líder de Alianza Nacional, está acusado de prometer un minuto de gloria en la televisión a jovenes a cambio de favores sexuales. Un responsable de la Rai, presuntamente implicado en los hechos, ha sido despedido.

No es la primera vez que el príncipe Víctor Manuel de Saboya tiene problemas con la justicia. En 1987, en la isla corsa de Cavallo disparó desde su yate e hirió de muerte al joven alemán Dirk Hamer. 13 años después, un tribunal parisino le condenó a seis meses de prisión condicional por posesión de armas.

La justicia italiana ya lo había seguido en los años setenta en una investigación que no llegó a su fin sobre tráfico internacional de armas.

Además de su abultado curriculum judicial, muchos de sus compatriotas le reprochan su negativa a excusarse en nombre de su abuelo Victor Manuel II por su colaboración con Benito Mussolini y la firma de leyes raciales que Victor Manuel califico de “no tan terribles”.