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Los refugiados libaneses se sienten abandonados a su suerte.

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Los refugiados libaneses se sienten abandonados a su suerte.

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Desde el inicio de los bombardeos israelíes, 150.000 libaneses han huido de su país a través de la frontera norte con Siria, según los cálculos de la Media Luna Roja. Esta frontera es su única escapatoria. Sus cuatro puntos de paso están desbordados por refugiados en estado de “shock”.

“Ayer abandoné a mi familia, había muchos bombardeos. No podía creerlo pero nos marchamos. Mi corazón está acelerado, estoy tan asustada. !Ahora no sé donde está mi familia”!, comenta una refugiada.

En Damasco, los centros de acogida atienden a los refugiados que no tienen conocidos, en un país con fuertes vínculos familiares, que se mantienen a uno y otro lado de la frontera.

Desde el aeropuerto de la capital siria, otros eligen destinos todavía mucho más lejanos: “Llegamos esta mañana, temprano. De momento hay muchos servicios, doy gracias a Dios porque todo ha ido bien”.

Pero alcanzar la frontera no es tarea fácil, sobretodo para los libaneses que viven en Tiro o en Hosch, en el sur. Los pueblos están aislados del mundo por los ataques israelíes. Un taxi cobra unos 500 euros por persona, 40 veces la tarifa habitual. Mucha gente se ve obligada a viajar a pie por las montañas. No hay elección, Israel continua los bombardeos y pide a los civiles que abandonen el sur del país.

Naciones Unidas calcula que medio millón de libaneses han tenido que dejar sus casas, representan un 20% de la población del Líbano, un país que tiene unos 4.200.000 habitantes.

Los precios de los productos de primera necesidad están por las nubes, por el bloqueo israelí, y la destrucción de las infraestructuras. El gas cuesta el doble; la fruta o la verdura, cuatro veces más. Unos 45.000 desplazados no tienen ni para comer.

“¿Por qué estamos aquí sin un techo, sin nada, viviendo como pordioseros en las calles? Todo lo que quiero es ser capaz de ir a casa”, explica una mujer.

Algunos encuentran alivio en las escuelas pero
se sienten abandonados por el mundo y temen, que una vez sean evacuados los extranjeros, su suerte sea aun peor.