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Los kurdos claman venganza 18 años después

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Los kurdos claman venganza 18 años después

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Para los kurdos de Sewsenan, cerca de la frontera con Irán, el segundo proceso contra Sadam Husein tiene el sabor de la venganza.

El 22 de marzo de 1988, el Ejército iraquí atacó la ciudad con gas mostaza y gases nerviosos en el marco de la operación Anfal.

El objetivo oficial de la campaña era acabar con las milicias independentistas kurdas, acusadas de apoyar a Irán en la guerra con Irak, y eliminarlas del norte del país.

Pero en el cementerio de la localidad, muchas tumbas correspondientes a esa época corresponden a mujeres y niños.

Incluso los que lograron escapar del gas, combatientes o no, acabaron en manos del Ejército.

De las 300 familias que vivían en el lugar, quedan menos de setenta. “Huimos de los ataques químicos, explica esta superviviente pero caímos en una trampa y nos detuvieron los soldados”

En total, fueron exterminados entre 50.000 y 100.000 kurdos. Cientos de miles tuvieron que huir durante la operación ANFAL entre 1987 y 1988.

A lo largo de las nueve oleadas de ataques, 25 localidades fueron gaseadas. Dos mil poblados desaparecieron del mapa a golpe de bombas y buldozers.

El primo de Sadam Husein, Ali Hasan Al-Mayid coordinó los ataques. Nombrado secretario general del partido Baas para el Norte de Irak, Alí “el químico” creó zonas prohibidas en el territorio kurdo. Sus habitantes, considerados insurgentes, eran eliminados o desplazados por el ejército.

Tanto Alí el químico como Sadam Husein se enfrentan ahora a acusaciones de genocidio.

Desde principios de los 90, varias asociaciones recogen pruebas para presentarlas en el Tribunal.

Además de examinar cientos de fosas comunes, han identificado cadáveres y reproducido paso a paso los desplazamientos forzados de la población kurda para su exterminio posterior en el sur del país.

Para los supervivientes de la operación Anfal, como los que se han manifestado hoy en Kalar, el único veredicto aceptable es la condena a muerte de Sadam.

Exigen además compensaciones económicas. Tras los ataques del ex número uno de Bagdad, la región cuenta con protección internacional, pero la mayoría de sus habitantes perciben compensaciones inferiores a cien euros al mes.