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Se reaviva la polémica sobre la bandera iraquí

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Se reaviva la polémica sobre la bandera iraquí

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La desaparición de la enseña nacional iraquí de todos los edificios públicos del kurdistán sigue provocando agrias reacciones en Bagdad

La decisión, tomada el pasado viernes por el presidente del kurdistán iraquí Masud Barzani, ha enfurecido particularmente a la comunidad suní que considera que se trata de un paso más hacia la independencia del territorio kurdo, autónomo desde 1991.

Ante la avalancha de críticas, Bazani justificó ayer su gesto en el Parlamento con una advertencia velada a los dirigentes de Bagdad:

“Si queremos separarnos, lo haremos, sin vacilación ni miedo”, afirmó. El tiempo de las amenazas ha terminado. Queremos dejar claro que somos partidarios de un Estado federalista. Formamos parte de él y las decisiones que tome el primer ministro y la presidencia serán aplicadas con rigor en el Kurdistán, de hecho mucho más que en ciudades eminentemente suníes”

Desde el tratado de Sèvres en 1920, los kurdos aspiran a la formación de un gran Estado a caballo entre Irak, Turquía, Siria e Irán.

Los kurdos de Irak, que representan del 15 al 20 por ciento de la población iraquí son los que han alcanzado mayores cuotas de autonomía.

Los crímenes cometidos contra la comunidad kurda durante la era Sadam, que se juzgan en la actualidad, dan fuerza a sus reivindicaciones.

Con una autogestión considerablemente ampliada desde la intervención militar aliada en 2003, en la actualidad, el kurdistán iraquí, rico en petróleo, es un Estado semi-independiente con sus propias administraciones, sus organizaciones políticas y una relativa tranquilidad que atrae a más inversores que el resto del país.

Tras la caída de Sadam, los kurdos obtuvieron una importante victoria en 2005, con la elección de uno de los suyos al frente del país: Jalal Talabani.

Pero la polémica de la bandera ha vuelto a poner de manifiesto su difícil papel entre la defensa de los intereses kurdos y sus promesas de reconciliación nacional.

En un comunicado marcado por la ambiguedad, Talabani defiende la decisión de Barzani para a continuación hablar de “error del Parlamento kurdo”.