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El síndrome del 11-S: más controles, más crispación.

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El síndrome del 11-S: más controles, más crispación.

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Cinco años después, los estigmas del 11 de septiembre son aún visibles en Nueva York. Los habitantes de la Gran Manzana que pasan cada día cerca de la Zona Cero no consiguen olvidar lo sucedido. “Tengo una hija que tenía ocho años cuando sucedieron los atentados relata este hombre y no ha vuelto a ser la misma, sigue teniendo pesadillas”

“Es una especie de obsesión señala otra vecina. Mires donde mires recuerdas lo que pasó, y es extremadamente duro.” La vida de los estadounidenses no ha cambiado sólo psicológicamente. La llamada Acta Patriótica diseñado por la Administración Bush ha alterado su vida cotidiana. La ley, juzgada liberticida por sus detractores, fue bien recibida por el público en general, dispuesta a hacer sacrificios en aras de la seguridad.

“Los controles suponen cinco segundos de mi tiempo, admite un joven no me importa perderlos” Seguridad. Desde hace cinco años, esa palabra se ha convertido en una obsesión nacional. El presupuesto destinado a reforzar los controles dentro del país, sobre todo en los aeropuertos, ha aumentado varios millones de dólares, pero como reconoce el Secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, sigue teniendo sus límites:

“Hemos avanzado mucho a la hora de minar la capacidad de acción y la velocidad de los terroristas. Pero no hemos acabado con ellos, y evidentemente, no hemos eliminado su deseo de llevar a cabo acciones terroristas contra nosotros” Hoy por hoy, el principal temor de las autoridades es que se produzca un ataque nuclear, biológico o químico. Los expertos como Brian Jenkins de la “Corporación de especialistas de terrorismo” sostienen que el país no está preparado para hacer frente a ese enemigo fantasma y señalan los puertos como puntos especialmente vulnerables: “¿Qué si me preocupa ese enemigo invisible? pregunta Jenkins claro que si. ¿Qué si creo que lo más probable es que se produzca ese tipo de ataque? no se puede descartar, aunque por ahora no tenemos pruebas de que estén cerca y dispuestos al ataque”.

El 11-S ha marcado una serie de cambios que siguen afectando la vida de millones de personas dentro y fuera de Estados Unidos. Paradójicamente, según una reciente encuesta en diferentes países occidentales, la omnipresencia de controles, alertas y recomendaciones, no contribuyen a dar una sensación de seguridad, sino que recuerdan a cada instante la amenaza constante de un nuevo atentado.