Última hora

Última hora

Estados Unidos fortificará su frontera sur pese a las crecientes críticas internas

Leyendo ahora:

Estados Unidos fortificará su frontera sur pese a las crecientes críticas internas

Tamaño de texto Aa Aa

Un millón doscientas mil personas. Son los inmigrantes clandestinos detenidos cada año del lado estadounidense de la frontera con Méjico. Una cifra estable desde hace una década pese al incesante refuerzo de los controles. Lejos de detener el flujo, estos obligan a los inmigrantes a cruzar por las zonas más desérticas y llenan los bolsillos de los traficantes que cobran unos 1.300 euros por individuo.

Un pez que se muerde la cola, mientras el Congreso estadounidense responde con la fortificación de la frontera con Méjico, en el marco de la nueva legislación para la mejora de la seguridad nacional. Estados Unidos y Méjico comparten 3.140 kilómetros de frontera. De aquí a 2009, unos 1.120 kilómetros de las zonas más sensibles desde Tijuana hasta Brownsville serán fortificados con un muro de alta tecnología.

El presupuesto para la reforma de la seguridad interior alcanza los 27.000 millones de euros, de los que 950 millones serán destinados al muro. Una partida, a priori, ridícula para pagar una muralla electrónica, con radares, cámaras de infrarrojos, y detectores volumétricos subterráneos para reforzar una doble alambrada de espino. Pero al coste económico hay que añadir otros, las múltiples dificultades orográficas del territorio y los obstáculos jurídicos: algunas tribus índias afectadas y los ecologistas han manifestado su oposición.

Sin olvidar el alto coste político del proyecto, rechazado por Méjico, y que cuenta con multitud de opositores en Estados Unidos. Como el congresista demócrata por Arizona, Raúl Grijalva, cuyo padre llegó al país como jornalero en 1945: “Fortificar, sellar la frontera, construir el muro, trasladar soladados a la zona, eso es llevar a las personas a los pasos más peligrosos, allí donde la gente está muriendo”.

A nivel nacional, la inmigración figura en el octavo lugar entre las preocupaciones de los estadounidenses pero en los estados del sur, la sensibilidad está a flor de piel y puede ser determinante en estas legislativas.