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Mezzogiorno prisionero de las mafias

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Mezzogiorno prisionero de las mafias

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El crimen organizado es la gran asignatura pendiente del gobierno italiano. Las iniciativas, relativamente frecuentes, destinadas a erradicarlo se han quedado hasta ahora a medio camino.

En 2004 el ministro del Interior de la época firmaba con las autoridades napolitanas un acuerdo encaminado a mejorar la coordinación en la lucha contra el crimen organizado.

Dos años después, la ahora alcaldesa de Nápoles constata que las armas esenciales siguen faltando:

“Lo que necesitamos por encima de todo -asegura-es que la población plante cara a la ilegalidad, como sucedió en la década de los 70. Estamos luchando contra criminales, necesitamos políticas de prevención sociales y culturales. Pido al Gobierno que no se olvide de Nápoles. Nosotros estamos luchando, pero no nos pueden dejar solos en el combate”

Las detenciones de jefes mafiosos no han conseguido decapitar a los diferentes clanes, enfrentados en guerras intestinas por el control de las actividades ilegales.

Las bandas gestionan además legalmente sectores como el de la recogida de basuras o el comercio local de flores y carne.

Estado dentro del Estado, las organizaciones mafiosas son el azote del Mezzogiorno.

Su radio de acción comprende seis regiones.
En Sicilia domina Cosa Nostra, la Ndrangheta en Calabria y la Camorra en Nápoles.

El volúmen de negocios de las tres organizaciones se eleva a cerca de 81 mil millones de euros anuales. En Nápoles, el 53% de los jóvenes de entre 25 y 30 años están en el paro…la Camorra da trabajo a unas cien mil personas.

A los 18 años, un joven puede ganar mil euros diarios si se dedica al tráfico de drogas, pero tiene seis posibilidades de diez de no llegar vivo a los 25.

El desarrollo es la mejor arma contra la criminalidad, pero el Mezzogiorno es prisionero de su imagen.

Para avanzar hay que derribar los estereotipos, y propiciar un clima de confianza.

Las empresas arrastran los pies a la hora de establecerse en una región aquejada de inestabilidad crónica y un 20% más cara que el resto de Italia por falta de infraestructuras..

Desde hace doce años, ciudades como Nápoles han aprovechado las inversiones exteriores para levantar su sector turístico y atraer industrias punteras. Sin embargo, cada nuevo asesinato, recuerda los límites del despegue económico.