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Las reacciones de un país dividido

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Las reacciones de un país dividido

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El veredicto está provocando sentimientos encontrados en Irak. Desde la alegría en los barrios chiíes, comunidad víctima de los abusos del régimen de Sadam Husein, hasta las protestas entre la comunidad suní, a la que pertenece el depuesto dictador.

En Duyail, celebración contenida con tímidos disparos al aire. Sus habitantes no olvidan que 148 de sus vecinos fueron asesinados: “La sentencia a morir en la horca de Sadam, del criminal, es toda una victoria para nosotros, para nuestros mártires”, ha comentado uno de sus ciudadanos. “Estoy verdaderamente feliz porque todos nosotros tenemos víctimas en nuestras familias, tendrían que condenarlo diez veces”, ha dicho otro vecino.

En Sadr City, también con mayoría de población chií, alegría sin contemplaciones, en este suburbio popular situado al nordeste de Badgdad. Es el bastión del clérigo radical chií Muktada al Sader, auténtica bestia negra del ejército estadounidense desde la ocupación del país.

Mientras, en Tikrit, la ciudad natal de Sadam Husein, la gente ha salido a las calles, también disparos, esta vez de protesta en contra del veredicto del tribunal, que algunos vecinos atribuyen a un complot estadounidense: “Todos nosotros queremos a Sadam Husein, realmente le echamos de menos”. El alto el fuego decretado en la capital y en tres provincias no ha evitado que los iraquíes salieran de sus casas, ansiosos por intentar pasar página y seguir adelante.