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Un vida, un golpe y una dictadura llenos de conflictos y controversias

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Un vida, un golpe y una dictadura llenos de conflictos y controversias

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En 1973, esta foto da la vuelta al mundo: el General chileno, Augusto Pinochet entra en la historia como el arquetipo de dictador latinoamericano. El 11 de septiembre del 73, Pinochet encabeza un golpe de Estado contra el presidente de Chile, Salvador Allende, a quien había jurado lealtad tan solo 18 días antes, cuando asumió la jefatura del Ejército chileno.

Nacido en Valparaiso el 25 de noviembre de 1915, el joven Augusto no hereda la disciplina castrense de su padre. Incapaz de acabar sus estudios a los 18 años tras 3 tentativas ingresa en la Academia militar.

En 1940 se casa con Lucía Hiriart. De ese matrimonio nacen 5 hijos.

Tras el 11 de septiembre del 74, el militar anodino se revela como un dictador despiadado para la oposición de la izquierda y un temido jefe para sus pares de la Junta Militar. La policía política, la DINA, sólo rinde cuentas ante el General Pinochet.

Fue proclamado jefe supremo de la nación en 1974 y posteriormente presidente de la República de Chile en marzo de 1981.

Durante los 17 años de dictadura, el informe Rettig ha contabilizado 3.197 víctimas, de las que 1.192
son detenidos desaparecidos, una práctica siniestra que copian las dictaduras vecinas.

Tras organizar la impunidad, promulgando una ley de amnistía en 1978, y posteriormente, una Constitución hecha a medida para controlar el Ejército, del que seguirá siendo Jefe hasta 1998.

Augusto Pinochet se cubre las espaldas convirtiéndose en senador vitalicio. Su inmunidad está garantizada, pero su pasado le atrapa en Londres.

Una orden de arresto internacional dictada por un juez español en 1998 por terrorismo, genocidio y torturas, le mantiene retenido durante 503 días en la capital británica.

Liberado por razones médicas, vuelve a Chile en el año 2000, en su país natal llega a acumular 300 denuncias. En 14 ocasiones se ve privado de su inmunidad por casos de violación de los derechos humanos y corrupción.

Pero el ex dictador, que se decía ante todo cristiano, y después, lo demás, mantuvo hasta el final que no tenía nada que reprocharse y que siempre actuó por el bien de Chile, al tiempo que decía asumir la responsabilidad política de su régimen.