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Bélgica tuvo su propio "Vichy"

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Bélgica tuvo su propio "Vichy"

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Bélgica descubre un pasado demasiado sumiso con los nazis. Un informe presentado esta semana en el Senado revela que la administración belga colaboró en la deportación de judíos durante la ocupación militar alemana. El estudio, elaborado por historiadores a petición del gobierno Verhofstadt en 2003, descubre tres momentos claves del colaboracionismo belga. En otoño de 1940, con el país ocupado militarmente, los secretarios generales que gestionan Bélgica tras la partida del gobierno al exilio londinense elaboran, a petición nazi, un censo de la población judía.

El pasó a la colaboración activa se dio en el verano de 1942: mientras Bruselas se niega a distribuir la estrella amarilla, en Amberes la policía local detiene a 1.243 judíos y se los entrega al ocupante para su deportación. El 90% de los 56.000 judíos de Bélgica vivían en esas dos ciudades.

Por último, tras la liberación, el Estado belga no fue sancionado ni reconoció su responsabilidad en la deportación a Austwitch de 25.000 judíos belgas, de los que solo 1.200 sobrevivieron. Cómo explicar la docilidad belga que el informe tacha de “indigna de una democracia”; el historiador y director del Centro de Estudio y Documentación Guerras y Sociedades Contemporáneas de Bruselas, Rudi Van Doorslaer, es uno de los autores del informe. “La élite tradicional belga afirma estaba marcada por una cierta forma de xenofobia con ribetes antisemitas. Eso se debe a un déficit democrático muy acusado a lo largo de la década de los 30 y de los 40”

Pese a todo, el 50% de los judíos de Bélgica escaparon a las redadas, en parte debido a que al contrario que en Holanda, la religión no figuraba en los registros civiles. Lo puntualiza el profesor Julien Klener, presidente del Consistorio Central Israelita de Bélgica. “Por supuesto, hubo colaboración a diferentes niveles, corrobora pero también hubo muchos belgas, y eso es un punto muy positivo, que por iniciativa propia salvaron a personas de origen judío, a judíos…y eso es algo que no debemos olvidar.”

El profesor Klener subraya que cada país debe verificar su propio pasado, y destaca el valor preventivo del informe: Desgraciadamente, – señala – el pasado ha tenido momentos horribles, pero ahora hay que proteger el presente y el futuro, si se cree en la democracia. Me atrevo a pensar que la democracia es aún uno de los ideales que hay que apoyar y reforzar en Europa”