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Confesiones dudosas en Guantánamo

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Confesiones dudosas en Guantánamo

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Nunca ha dejado de ser un escándalo, pero el campo de detención estadounidense de Guantánamo vuelve a primera línea de la polémica. La serie de confesiones de presuntos terroristas de los últimos días reafirma la postura de la administración Bush, pero genera nuevas dudas sobre los métodos utilizados para obtenerlas.

La semana pasada Jaled Cheij Mohamed confesó ser el cerebro del 11-S y autor de 30 atentados terroristas más. Ahora los “combatientes enemigos” son juzgados por tribunales militares, sin abogado, ni medios de comunicación presentes en la sala. Para Michael Ratner, del Centro para los Derechos Constitucionales el resultado de estas “audiencias” se sabe de antemano, “el acusado llega con el estatus de cito combatiente enemigo. Y ese tribunal irregular, militar y secreto se limita a confirmarlo” decía. Confirmar su condición de combatiente enemigo, a cualquier precio fuera de todas las normas a las que obliga un proceso judicial transparente.

Las asociaciones de defensa de los derechos humanos y los expertos en derecho como Jonathan Turley tienen su teoría: “La administración, de forma casi patológica, ha intentado buscar modos de evitar que esa gente tenga un juicio o un abogado de verdad, y las razones son obvias: una es que parece claro que han sido torturados y el presidente Bush sabía de estas torturas quizás ordenó torturarles y dos, las confesiones bajo tortura, no serían aceptadas en ningún tribunal reglamentario”, terminaba.

Una y otra vez Estados Unidos argumenta que la Guerra Contra el Terror obliga a utilizar nuevos y drásticos métodos. Más aún, el almirante Harry Harris cree que dentro de cincuenta años el mundo les dará la razón: la gente mirará Guantanamo y dirá, América hizo lo correcto, se enfrentaron a las críticas pero hicieron lo que tenían que hacer” Catorce de esos “combatientes enemigos” comparecerán ante el tribunal militar excepcional. En Guantánamo hay casi 400, ¿qué pasará con ellos?