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Ségolène, más cerca del Elíseo

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Ségolène, más cerca del Elíseo

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Ségolène Royal se acerca a su objetivo: convertirse en la primera presidenta de la República francesa. En su carrera hacia el Elíseo, ha querido mostrarse más cerca del pueblo que del poder, apoyarse más en los ciudadanos que en el aparato del partido.

Pero si hay algo que caracteriza a la candidata socialista además de su tirón mediático es su inmensa determinación, patente desde su paso por la elitista Escuela Nacional de Administración. Fueron años cruciales en los que Royal se une al equipo de consejeros de Mitterrand. A principios de los 90 tuvo un discreto paso por el ministerio de Medioambiente y sobre todo por el ministerio para la Familia y la Infancia, desde donde defendió valores tradicionalmente patrimonio de la derecha.

Tras el fracaso de 2002, los socialistas buscan nuevos candidatos de cara a 2007; pero los militantes se decantan por una candidata. Un rostro nuevo desbanca a pesos pesados del Partido de la Rosa como Strauss-Kahn y Laurent Fabius. La prensa sigue a la flamante candidata como si ya fuera presidenta en sus desplazamientos al extranjero, escenario de sonados patinazos diplomáticos que le cuestan muchos puntos de popularidad y severas críticas de sus detractores. Pero la campaña se juega en territorio francés: la candidata organiza a lo largo y ancho del país debates participativos con los ciudadanos.

Cuano la euforia inicial de los sondeos se atenúa, los pesos pesados del partido que habían intentado obstaculizar su candidatura desde el principio, deciden acudir en su ayuda. Royal tiene en todo caso el apoyo del secretario general de los socialistas, su compañero sentimental desde los años 70, François Hollande, padre de sus cuatro hijos.

Para ella, lo más difícil está por llegar “Ahora”, por emplear la misma palabra que da título al libro en el que explica su compromiso con los franceses.