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El Ejército turco lucha por mantener su influencia

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El Ejército turco lucha por mantener su influencia

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Con más de 500 mil hombres, el Ejército turco es la segunda fuerza de la OTAN por detrás de Estados Unidos. La falta de fondos frena la modernización y la profesionalización de la Institución; a partir de los 18 años, todos los hombres turcos tienen que cumplir con el deber sagrado de servir a la bandera.

Garantes de los valores republicanos y laicos desde la fundación de la Turquía moderna en 1923, los militares tienen una imagen limpia frente a una clase política sospechosa de corrupción y nepotismo. El pulso entre el primer ministro, Recep Tayip Erdogan, y los jerarcas militares es la expresión de ese papel particular que tiene el Ejército en el tablero político turco.

Prerrogativas políticas que el Ejército reclama alto y claro cuando considera amenazada la laicidad del Estado. Lo ha hecho en dos ocasiones: la primera el 12 de abril, cuando el jefe del Estado mayor, Yasar Büyükanit, reaccionó desfavorablemente a la candidatura de Erdogan a la presidencia, y posteriormente el viernes, cuando se oficializó la candidatura de Güll.

Desde 1960, el Ejército ha intervenido en cuatro ocasiones, la más reciente a finales de 1997 para acabar con el gobierno de Necmettin Erbakan. Su Partido del Bienestar fue la primera formación islamista en llegar al Gobierno. Posteriormente, el partido fue disuelto por el Tribunal Constitucional y Necmetin Erbakan, mentor de Erdogan, fue apartado de la escena política durante 5 años por atentar contra la laicidad.

En Turquía, el Estado Mayor no depende del ministerio de la Defensa, sino del Primer Ministro, una peculiaridad que Erdogan no ha olvidado recordar a los militares. Pero los uniformados turcos conservan atribuciones políticas únicas en el mundo occidental.

Sin embargo, el acercamiento de Ankara a la Unión Europea ha forzado algunos cambios para alinearse a los criterios democráticos. Así, desde 2004, un civil dirige el todopoderoso Consejo de Seguridad Nacional.

Pero para la Comisión Europea, las relaciones entre la sociedad civil y el Ejército se alejan demasiado de las prácticas vigentes en la UE. El sábado, el comisario para la Ampliación, Olli Rehn insistió en que el Ejército debía dejar las competencias de la democracia al Gobierno electo. Hoy, el Consejo de Europa repetía el mimso mensaje.