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60 años de olvido

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60 años de olvido

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Los refugiados palestinos representan más del 10% de la población libanesa. La mayoría, malviven en campos superpoblados como el de Ein Al-Hilweh que cuenta con más de 45 mil habitantes; son ciudadanos de segunda clase sin derechos civiles ni sociales.

Según la definición de la ONU, un refugiado palestino es una persona que perdió su casa y sus medios de subsistencia tras la guerra árabe-israelí del 48. Tras la creación del Estado de Israel, más de 900 mil palestinos se ajustaban a esa definición. Ahora, ellos y sus descendientes son más de 4 millones y medio repartidos por todo el mundo, esencialmente en los territorios palestinos, y en los países árabes vecinos.

En el Líbano hay un total de doce campos diseminados a lo largo y ancho del país. Algunos son relativamente pequeños, como el de Mar Elias con 1411 residentes. Otros son auténticos pueblos de más de 30 mil habitantes. De los 394 mil refugiados palestinos en el Líbano, 224 mil están en campos. En 1982, la invasión israelí y el exilio forzado de la OLP de Yaser Arafat marcan un antes y un después para los refugiados.

El 65% tenía trabajo gracias a la organización, que aseguraba además la financiación de las estructuras sanitarias y educativas. Desde entonces, la Agencia para los Refugiados de la ONU se encarga de los servicios básicos.

Pocos días después la salida de la OLP del Líbano, el mundo recuerda brutalmente la existencia de esos campos con la masacre de Sabra y Chatila, dos campos vecinos cerca de Beirut. Entre 700 y 3.500 personas según las fuentes fueron asesinadas a manos de la milicia cristiano-falangista libanesa. La mayoría de las víctimas eran civiles.

Pero el interés dura poco. Los campos vuelven a caer en el olvido y sus habitantes continúan su lucha cotidiana por la supervivencia. Por ejemplo, en el campo de Ein Al-Hilweh, sólo hay dos centros médicos; cada uno recibe una media de 600 pacientes al día. La situación de la enseñanza es igual de caótica, con nueve colegios para 7.500 niños.

El índice de paro en los campos supera el 70%, en parte, debido a que los refugiados tienen prohibido ejercer más de 72 profesiones como la de arquitecto, abogado o médico. Tampoco pueden introducir en los campos materiales de construcción, por lo que muchas de las viviendas son insalubres e incluso peligrosas.

La ONU destaca que las cosas seguirán así mientras que el problema de los refugiados no sea incluido en una solución global del conflicto palestino-Israelí.