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Litvinenko: crónica de una muerte turbia

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Litvinenko: crónica de una muerte turbia

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7 de diciembre de 2006. En el Cementerio londinense de Highgate, un cortejo fúnebre se dispone a enterrar los restos mortales de Alexandre Litvinenko. El ex espía ruso había fallecido dos semanas antes en circunstancias turbias propias de la guerra fría.

Antiguo coronel del Servicio Federal de Seguridad, la agencia rusa sucesora del KGB, Litvinenko había conseguido la ciudadanía británica pocas semanas antes de su envenenamiento. En el año 2000 se había instalado en Londres con su familia amparado por el estatuto de refugiado político.

Desde la capital británica multiplicó las acusaciones contra el Kremlin. En su libro “El FSB hace explotar Rusia” acusa a las autoridades de haber organizado la serie de atentados que ocasionaron 300 muertes y que desencadenaron la segunda guerra en Chechenia en octubre del 99.

El 1 de noviembre de 2006, en el Hotel Milenium de Londres, Litvinenko se reúne con dos rusos, ex agentes del KGB convertidos en hombres de negocios: Andrei Lugovoy y Dimitri Kovtoune.

Ese mismo día, en un restaurante de sushi en Picadilly, se reúne con un italiano experto en espionaje, Mario Scaramella que le entrega un documento sobre la muerte de la periodista rusa y conocida opositora Anna Politovskaïa. Entre los documentos hay además una lista de supuestos objetivos de los servicios secretos rusos.

El 3 de noviembre, Litvinenko es admitido en el hospital Barnet de Londres, y posteriormente, transferido al London University College Hospital. Empezó a sentirse mal inmediatamente después de las dos citas. El 20 de noviembre, la sección antiterrorista de Scotland Yard abre una investigación. Los servicios secretos rusos niegan las acusaciones que señalan que Moscú está detrás del envenenamiento.

El mismo día, Litvinenko es trasladado a la unidad de cuidados intensivos. Una foto que da la vuelta al mundo muestra su fulminante deterioro. El 23 muere sin que los médicos consigan identificar la causa de su fallecimiento. Un día después, sus allegados leen una carta póstuma en la que Litvinenko acusa a Valdimir Putin de haber ordenado su asesinato. El presidente ruso niega categóricamente su implicación en los hechos.

Ese mismo día, la agencia británica de protección de la salud anuncia que Litvinenko había sido envenenado con Polonio 210.