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G-8 entre rejas

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G-8 entre rejas

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Desde esta mañana a las siete, entrar en Heilingendamm se ha convertido en una misión casi imposible. A esa hora, las autoridades policiales alemanas han cerrado la valla que aísla el recinto donde se celebrará entre el 6 y el 8 de junio la cumbre del G8.

Los representantes de los países más industrializados del mundo tendrán la protección asegurada; la valla que ha costado 12 mil 500 millones de euros mide 12 kilómetros de largo y dos metros y medio de altura. Está dotada de dos puertas cerradas y custodiadas las 24 horas del día.

Nadie, ni siquiera los residentes en la zona podrán saltarse el trámite de pasar por los puestos de control, dignos de los de cualquier aeropuerto internacional. El tráfico también ha sido limitado como medida de seguridad, de manera que la población de la zona tiene que dejar los coches en un aparcamiento cerca del check point. Un autobús especial les lleva después a sus casas.

Según la policía, todas las precauciones son pocas. “Hay un alto nivel de amenaza terrorista explica nut Abramowsi. Algunos individuos podrían intentar acercarse al centro escudándose en los manifestantes”

Pero muchos critican las medidas y las tachan de excesivas y de dudosa eficacia. La que más ha dado que hablar es la de recoger muestras de olor de activistas anti mundialización para que los perros puedan dar con ellos fácilmente si las protestas degeneran.

Para esta parlamentaria de los Verdes, que recoge calcetines usados para enviárselos al ministro del Interior, la medida tiene cierto tufillo a la Stasi. Pero la polémica también salpica a la vigilancia marítima. Algunos consideran anticonstitucional el hecho de que el ejército participe en los controles de seguridad junto a la policía marítima.