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El lujo tiene alas en el Salón de Le Bourget

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El lujo tiene alas en el Salón de Le Bourget

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La americana Boeing y la india Jet Airways exhiben su última creación: una versión repleta de comodidades del B777. En primera clase, no hay asientos normales, sino ocho suites con sillones que se convierten en verdaderas camas. Una gran pantalla de televisión, un armario privado, o una pequeña biblioteca personal completan el conjunto. En el techo de la aeronave, diodos que cambian de color y recuerdan un cielo estrellado. Puertas correderas protegen la intimidad de cada suite.

El lujo no queda reservado a la primera clase de los vuelos regulares. Los aviones para ejecutivos conocen su mejor momento en el mercado. Cessna ha vendido en Le Bourget 96 Citation a NetJets una empresa que alquila a acaudalados hombres de negocios.

La francesa Dassault, fabricante de los Falcon, tiene viento de cola, según declara su vicepresidente, Yves Robins:

“El 75% de nuestros clientes son multinacionales de la lista Fortune 500, con filiales en todo el mundo que tienen que conectar en un tiempo récord. Hay además una multitud de jefes de Estado y ministros que viajan en Falcon. El señor Putin por ejemplo. Luego hay un 5% de gente de la jet set”

Este es pues el decorado habitual de los afortunados que se desplazan en aviones privados. Este tipo de aeronaves no sólo disponen de la misma tecnología que los aviones de línea, sino que su tamaño les permite aterrizar en aeropuertos más pequeños y menos cargados de tráfico. Para acceder a este lujo volante hay que pagar varios miles de euros, no por día, sino por cada hora de vuelo.