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El fantasma de la "generación robada" planea de sobre los aborígenes australianos.

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El fantasma de la "generación robada" planea de sobre los aborígenes australianos.

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Camberra ha anunciado un drástico plan para frenar el abuso infantil que incluye entre otras cosas revisiones médicas a los menores. Los representantes de los aborígenes temen que los planes del gobierno se traduzcan en separaciones de núcleos familiares y lamentan la falta de concertación por parte del Gobierno de John Howard. “Este Ejecutivo dice Pat Turner, representante de 13 asociaciones está utilizando el abuso sexual infantil como caballo de Troya para hacerse con el control total de nuestras tierras”

El primer ministro australiano, el conservador John Howard, ha justificado las medidas calificando la situación de los niños en las comunidades aborígenes de emergencia nacional. Estos afirman que la administración de Howard ha ignorado durante once años la cuestión y que ahora actúa por puro oportunismo político a 6 meses de las elecciones.

El informe que ha puesto de relieve la amplitud de los abusos que sufren los menores en las comunidades aborígenes del norte relaciona el fenómeno con el alcoholismo que diezma la sociedad aborigen; en total 460.000 mil personas, es decir el 2% de la población australiana, de los que 50.000 viven en el llamado Territorio Norte, el único sujeto a las nuevas medias.

Completamente marginados de la sociedad, los aborígenes australianos tienen una esperanza de vida 17 años inferior a la media nacional. El hecho de que el plan sólo les afecte a ellos es percibido como una clara muestra de racismo. “Vamos a perder el derecho de ocuparnos de nuestros hijos, dice esta mujer si hay exámenes médicos, se los llevarán lejos de casa”

“Me temo apostilla otra que vamos a vivir otra generación de niños robados, porque se los van a llevar lejos de sus padres, de sus tíos, de sus abuelos”

La separación de niños aborígenes de sus familias para ponerlos bajo el cuidado de familias blancas se inició en el siglo XIX y se prolongó hasta la década del setenta. Se estima que unos 50.000 niños fueron víctimas de esa separación que dio origen a la “generación robada”.