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La estrategia del fútbol y el fervor religioso armas de Erdogan para su segundo mandato

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La estrategia del fútbol y el fervor religioso armas de Erdogan para su segundo mandato

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El primer ministro turco adquirió relevancia pública al ser elegido alcalde de Estambul en 1994. Pero el camino fue largo. Nacido en un barrio pobre de la segunda ciudad turca, hizo todo tipo de trabajos para pagarse los estudios coránicos. Su gestión eficaz en el ayuntamiento le dio una gran popularidad pero en 1997, la lectura de este poema de un poeta nacional le costó bien cara: “Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados”. Cuatro meses de cárcel y la pérdida de todos sus derechos políticos. Al tiempo el islamista Partido de la Prosperidad (Refah) en el que militaba abandona el Gobierno turco, ante la presión del ejército, y se disuelve.

En 2001, funda el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Al año siguiente gana las elecciones, pero Erdogan tarda un año más en volver, cuando cambia la ley, que le permite regresar a la vida política. En marzo de 2003, asumen el cargo de primer ministro. Erdogan decide abrirse al mundo. Dos años después, inicia el negociado de adhesión de Turquía a la Unión Europea. Se define como “demócrata-musulmán”, aunque las sospechas internas de que pretende islamizar el país, crecen.
Erdogan pretende que el Parlamento nombre a su candidato a la presidencia, pero la oposición laica frena el intento.

El primer ministro convoca elecciones anticipadas, en las que consigue otro triunfo, que abre nuevos interrogantes para los analistas: “De momento veo una clara mayoría de los islamistas moderados del partido de Erdogan, que harán lo que quieran, aunque podrían dejar la elección presidencial en manos del pueblo, con un sufragio universal”, comenta un experto. Pero esta solución precisa de una reforma de la Constitución. Erdogan deberá hacer uso de todo su pragmatismo para evitar una nueva crisis política y social.