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La liberación de las enfermeras búlgaras un camino lleno de obstáculos

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La liberación de las enfermeras búlgaras un camino lleno de obstáculos

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Benita Ferrero-Waldner, Comisaria Europea de Exteriores, visitaba hace dos años a los niños enfermos de Sida, en el hospital de Bengasi. Una fecha que unida a la inminente entrada de Bulgaria en la Unión Europea, abría nuevos caminos para la resolución del caso. Visita también a las enfermeras búlgaras, llevan ya seis años en la cárcel. Junto al médico palestino se enfrentan a un nuevo juicio, al anular el Tribunal Supremo libio su condena a muerte. Por fin, la Unión Europea abre un tercer frente diplomático. El régimen de Gadafi está aislado por las sanciones internacionales, por su implicación en los atentados contra dos aviones civiles, en Lockerbie y en Níger. Llega el segundo juicio. Los procesados vuelven a ser condenados a muerte, pese los informes de los expertos, totalmente exculpatorios. Recurren la sentencia. Las negociaciones continúan en la sombra. El mes de mayo pasado, el entonces primer ministro británico, Tony Blair, desembarca en Libia. Ultima un acuerdo para indemnizar a las familias de las víctimas. Gadafi está por la labor, quiere rehabilitarse ante la comunidad internacional.

Llega junio. Vuelven a Libia representantes de la Unión Europea para ver a los acusados, que siguen sin ver la luz al final del túnel. Nadie canta victoria hasta que la Fundación Gadafi da el acuerdo por cerrado. Francia aprovecha la situación. El nuevo presidente Sarkozy hace de la liberación de los acusados, una prioridad. Durante el desfile de la Fiesta Nacional, cuenta con un invitado de honor. El emir de Qatar no pasa desapercibido. Su papel de mediador en el caso ha sido fundamental. Justo, dos días antes, Sarkozy enviaba por sopresa a Trípoli a su esposa, Cecilia. Y llegaba el desenlace. La semana pasada las familias de las víctimas renunciaban a la petición de la pena de muerte.