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Las peores inundaciones en el Reino Unido de los últimos 60 años han provocado la muerte de dos personas, un padre y su hijo, en el condado de Gloucestershire, al oeste de Inglaterra. Todo indica que se asfixiaron con los gases emitidos por una bomba de gasolina con la que trataban de extraer el agua de un club de rugby inundado. Los servicios de emergencia han pedido a la población mucha precaución a la hora de realizar este tipo de trabajos. Los niveles del agua han comenzado a estabilizarse por lo que parece alejarse el peligro de más inundaciones. Aún así, cerca de 350.000 personas siguen sin electricidad en Gloucestershire, una situación que podría prolongarse hasta dos semanas. Los médicos han alertado ya de la posibilidad de que comiencen a aparecer casos de estrés y ansiedad durante los próximos días. El Ejército ha comenzado a distribuir agua embotellada entre la población. Las autoridades sanitarias británicas consideran que los riesgos de contraer alguna enfermedad son bajos, pero han recomendado evitar el contacto directo con el agua estancada.