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Sarkozy: cien días en "estado de gracia"

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Sarkozy: cien días en "estado de gracia"

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Cien días después de desembarcar en el Elíseo, Nicolas Sarkozy ha impuesto un nuevo ritmo en el centro de poder de la república francesa. El hiperpresidente, como le apodan algunos, ha tenido el efecto de una descarga eléctrica. Estrecha manos, se hace fotos con niños, acude a funerales, cambia leyes; Sarkozy está en todos los frentes.

Fiel a su lema “toda pausa es un retroceso” a penas concluída la ceremonia de investidura presentó a su equipo

Uno de sus primeros golpes estratégicos fue la incorporación a su ejecutivo de insignes socialistas como Bernard Kouchner, actual jefe de la diplomacia francesa.

Pero Sarkozy tiene claro quién lleva la batuta. A quienes le acusan de relegar a su primer ministro Francois Fillon al papel de figurante, el presidente responde que los franceses le eligieron para decidir. “El primer ministro es un colaborador, el jefe soy yo”.

Siempre en su línea de ruptura y estrategia llamó a las filas del gobierno a dos mujeres de origen árabe y una de origen senegalés. Una primicia en la historia de Francia.

En estos primeros meses Sarkozy ha revolucionando las anquilosadas estructuras sociales; ha impuesto a los sindicatos una ley de servicios mínimos, ha reformado la fiscalidad y la universidad, y ha endurecido las penas de los delincuentes reincidentes.

El verano ha estado marcado por éxitos diplomáticos como la liberación de las enfermeras
búlgaras encarceladas en Libia.

La polémica desatada por la intervención de Cecilia, su mujer, ha sido acallada con un escueto: “lo que importa son los resultados”

Poco antes, impuso la vuelta de Francia al paísaje europeo con la adopción de un tratado simplificado para reemplazar la difunta Constitución Europea.

Pero también ha habido reveses. Uno de los más importantes se lo propinó el Consejo Constitucional que impidió la retroactividad de beneficios fiscales para los préstamos hipotecarios.

Los analistas coinciden en que la salud tambaleante de la economía francesa podría acabar con el estado de gracia. El déficit comercial se hace cada vez mayor y las inversiones sufren atonía.

El otoño de Sarkozy se presenta caliente, pero por el momento, ninguna de las polémicas desatadas por sus lujosas vacaciones o por el retoque fotográfico de sus michelines ha socavado su popularidad.

El último sondeo publicado por el diario de izquierdas Libération constata que el 65% de los franceses sigue confiando en el presidente.

Siempre según ese sondeo, cuenta con el apoyo de un 61% de los obreros y se ha ganado la confianza del 43% de los votantes de izquierda.