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El fin de la excepción francesa

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El fin de la excepción francesa

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Acabar con los privilegios de una minoría; los sindicatos franceses están en pie de guerra contra los proyectos de Nicolas Sarkozy de reformar los regímenes especiales, punto capital de su proyecto de ruptura.

Otros gobiernos de todos los signos lo han intentado antes que el actual presidente con el mismo resultado: huelgas, parálisis del país y abandono del proyecto.

500.000 de los cinco millones de empleados del sector público se jubilan mucho antes que los trabajadores del sector privado, tras haber cotizado menos años, pero percibiendo jubilaciones más altas.

La medida beneficia a los empleados de ferrocarriles, transportes públicos, distribución de gas y electricidad, del Banco de Francia, de la Ópera de París, pero también a militares, sacerdotes, mineros, y hasta a los parlamentarios.

La mayoría de los regímenes especiales datan de después de la Segunda Guerra Mundial, pero los hay del siglo XVII, como el heredado por los marinos.

El Estado o las empresas son las encargadas de equilibrar el déficit creado por las jubilaciones anticipadas.

En el caso de la empresa pública francesa de ferrocarriles el déficit asciende a tres mil millones de euros.

El régimen especial de la compañía cubre la enfermedad, la jubilación y las ayudas familiares a los 178.000 agentes en activo, a los 190.000 jubilados y a sus familias.

En la red de transportes públicos, la empresa compensa los 400 millones de euros de déficit del régimen.

Un conducteur de autobuses puede jubilarse a los 50. Un maquinista a los 55. Dificultad, peligrosidad; para los beneficiarios, nada más natural.

“No somos privilegiados. La dificultad de nuestros empleos justifican esas medidas especiales que no son ventajas. Las cosas son así, y así deben seguir siendo.

Argumentos poco convincentes frente a la realidad del sector privado. Este conductor de autobuses tiene exactamente la misma cualificación que uno de la RATP, pero cobra un 20% menos y tendrá que cotizar 40 años.

“Hasta que cumpla los 65 dice no podré jubilarme, no creo que sea lo mejor en términos de seguridad”

La población francesa apoya mayoritariamente la reforma. Aunque sólo un 8% de los trabajadores están afiliados a sindicatos, estos son capaces de paralizar el país.