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Los desafíos de Cristina

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Los desafíos de Cristina

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Cristina Fernández, hereda de su marido y presidente saliente, Néstor Kirchner, un país que ha levantado cabeza pero aún frágil. Seis años después de la crisis que sumió a Argentina en el caos, el traumatismo sigue presente.

A finales de 2001, los argentinos tuvieron dos presidentes en diez días, y los ahorros de la clase media se esfumaron. En las caceroladas, la consigna más coreada era “Que se vayan todos”; la desconfianza en los políticos considerados corruptos e irresponsables había alcanzado su punto culminante. El descenso a los infiernos continuó en 2002.

Elegido por una débil mayoría, el peronista Néstor Kirchner prestó juramento el 25 de mayo de 2003. Durante su mandato rompió con las políticas neoliberales de los años 80 y aplicó un modelo de de economía mixta entre el sector privado y el público. Gracias a esa fórmula y a la necesidad internacional de materias primas, el país consiguió encarrilarse en la vía del crecimiento.

Desde hace algunos años, Argentina ostenta un crecimiento sostenido de alrededor del 8%, incluso más según las previsiones de este año que pronostican también un ligero descenso para el año que viene. El paro y la pobreza también están en claro retroceso con respecto al peor momento de la crisis de 2002, pero siguen siendo cifras muy elevadas: hay cerca de un 10% de parados y la pobreza afecta al 30% de los argentinos.

Pero lo más preocupante es la inflación. Menos del 9% según las estadísticas oficiales, pero entre el 15 y el 20% según cálculos independientes. Los argentinos desconfían de las cifras oficiales del INDEC y viven con la angustia de una vuelta a la hiperinflación de los años 80 que había empobrecido a las clases medias. En los mercados, la queja es siempre la misma: con el crecimiento ha vuelto también la inflación. “Muy caro todo, todo. Es terrible, los tomates, todo, todo, todo.” “La verdad es que ya no se puede más, esto cada vez está peor. La economía está terrible y creo que vienen momentos peores.”

El otro talón de Aquiles de Argentina es el lamentable estado de sus infraestructuras, que piden a gritos inversiones. Para ello, Cristina Fernández tendrá que seducir a los capitales extranjeros.