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El general en su laberinto

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El general en su laberinto

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La población y la prensa pakistaníes le llaman el segundo golpe de Estado de Pervez Musharraf. Conservar el poder absoluto bajo pretexto de restaurar el orden y salvar la democracia es terreno conocido para el General que justificaba así las últimas medidas: “He tenido que decretar el estado de emergencia para garantizar la transición democrática que inicié hace ocho años”

En 1999, aprovechando la tensión en la Cachemira india, el recién nombrado jefe del Estado mayor del Ejército, respaldado por los militares, se hizo con el poder. Un golpe de estado sin un solo tiro con la promesa de restaurar la democracia como telón de fondo.

El papel de Islamabad en la guerra contra los islamistas radicales de Al Qaeda garantizó a Musharraf el apoyo incondicional de Washington. “Al sumarse a la coalición antiterrorista liderada por Estados Unidos, afirmaba Musharraf Pakistan ha tomado una decisión muy meditada”

Pero el de Washington ha sido un apoyo incondicional hasta la útlima vuelta de tuerca del régimen. Desde Jerusalén, Condoleeza Rice se ha apresurado a dejar clara la decepción de su Gobierno con las últimas medidas adoptadas por Musharraf. “Estados Unidos ha dicho no respalda medidas extraconstitucionales, y así se lo ha comunicado al régimen pakistaní”

Criticado por la población y por sectores cada vez más amplios del Ejército y con el aliado estadounidense desmarcándose, los próximos días serán vitales para el futuro político de Musharraf. Para Zahid Hussein analista y escritor, el General ha cavado ya su propia tumba. “La situación señala es muy seria. El general Musharraf ha impuesto el estado de emergencia en un acto de desesperación. Ha puesto en evidencia que hay una crisis que no puede resolver y creo que está jugando su último juego”

La ex primera ministra Benazir Bhutto, podría tener un papel preponderante en este último round. La situación actual deja en el aire su alianza con Musharraf, pero si al final se formaliza, los expertos aseguran que podría tener dos efectos secundarios: reforzar a los fundamentalistas en el Parlamento y desatar la ira del Ejército.