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Annapolis: una receta poco probable para la paz

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Annapolis: una receta poco probable para la paz

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Ha sido calificada como el mayor esfuerzo del gobierno Bush para resolver el conflicto palestino-israelí, pero incluso antes de que empiece la Conferencia de Annapolis, los protagonistas ponen paños fríos a las expectativas de lograr avances inmediatos.

Los palestinos se presentan a la cita divididos. Su primer ministro, Mahmoud Abbas está muy debilitado políticamente después de que Fatah, su partido, perdiera el control Gaza.

Pese a todo, Mahmoud Abbas, considera que el simple hecho de reunirse con los representantes israelíes es ya un avance. Habla Yasser Abed Rabo, su portavoz:

“La conferencia es un éxito en sí misma. Lo que importa ahora es que el día después estaremos inmersos en negociaciones serias y directas, también difíciles sobre lo principal: el estatuto final”

Privado de apoyo popular, Abbas se juega mucho en esta cita: si vuelve de Annapolis con las manos vacías, reforzará todavía más a los extremistas de Hamas, que controlan actualmente la franja, y que han dejado claro que no reconocen la legitimidad de la cumbre ni de los eventuales acuerdos que pudieran alcanzarse durante la cita.

En el campo israelí también reina la división.
Sin mucho capital político y pagando aun las consecuencias de la guerra con el Líbano, el
primer ministro israelí es considerado demasiado débil por parte de la población e incluso de su gobierno.

Los medios militares, encabezados por Ehud Barak, son reacios a las concesiones, y los socios gubernamentales de Ehud Olmert, los ultraortodoxos del Shas y los ultranacionalistas de Israel Beitenu se oponen tajantemente a abordar asuntos tan espinosos como la capitalidad de Jerusalén, la situación de los refugiados o el futuro de los asentamientos judíos en Cisjordania.

A la división entre los dos campos protagonistas se une la de los países vecinos.

Siria, ha aceptado en el último momento enviar una delegación encabezada por el viceministro de Exteriores y no por el titular de la cartera debido a que la situación de los Altos del Golán está incluída en el orden del día.

Egipto y Arabia Saudí también han confirmado su asistencia, al contrario que Irán, cuyo líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, ha asegurado que “la conferencia pretende legalizar a la entidad sionista”.